jueves, 13 de junio de 2013

La teleología y el origen

Toda teleología, en el fondo, pretende lo inalcanzable. Es como darse vuelta y en un arrebato entrar en esos azarosos senderos que supuestamente nos llevan al origen. Toda teleología es un inalcanzable espejismo remozado por la fascinación de un continuo regreso al infinito. El origen y el fin son la misma máscara. Sin embargo, ese impulso irrazonable estará siempre con nosotros. El deseo por lo original y lo final estará siempre allí, en fondo de nuestra conciencia, arraigado al suelo del lenguaje, acicateandonos o redimiendonos de la monstruosa indiferencia del universo, mejor dicho, seduciendonos, como la primera manzana o la Jerusalem definitiva. Dos espejos enfrentados en la blanda carnosidad de los acontecimientos, en las horas que estamos apartados del sueño.

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